Los días pueden ser azules, grises o rojos, da lo mismo. El ánimo siempre es el mismo, tengo miedo. Porque donde vaya llevo ese olor a terror y pensamientos bélicos. No se si es odio, pena, lástima o algún demonio dentro de mi alma, pero hay ocasiones donde me gustaría ser una metralleta en vida y terminar con estos delirantes miedos.
El caminar por las calles es un reto, el saludar a un conocido se hace eterno, hacer salud un despropósito y que decir de soportar las mentiras de la vida. Seguir las reglas me parece desgraciado. Que pena por aquellos que las siguen.
La vida es tan corta para hacer realidad nuestros sueños, y tan larga para mostrarnos frente a nuestras narices lo mal que hemos obrado, las mentiras que hemos dicho y lo pésimo que somos.
Cada mañana y noche el trabajo me pesa, me desgasta y me estresa. Creo tener diez años más, por la rabia, pero cinco años menos por la dicha que sueño.
Quisiera saber todo lo que me depara el destino, pero desgraciadamente no soy gitana ni vidente. Y en medio de este afán por encontrar mi senda, entiendo que no tengo mucho, que son pocos los que me quieren y ya nadie me tiene en su recuerdo. Prefiero pensar fatalista y así no creer que soy la más amada. Tantos golpes en la vida me han endurecido hasta curtir mi alma, si es que queda.
No hay noche que pueda conquistar, porque ya no existo para celebraciones. Me convertí en una luz tenue y temblorosa, sin vida más que para estudios y el trabajo. Soy culpable de la soledad que me gobierna. Comprendo que se note, porque siento cómo la lástima pesa sobre mis hombros. Al parecer, soy una pena.
Tengo odio, tengo vida, tengo pena y gozo de contadas alegrías. Así es la vida, me consuelo. Pero tengo claro que siempre habrá un poco de oscuridad que me coma. Nada es bueno o malo, sólo es y lo entiendo.
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miércoles, 25 de abril de 2007
martes, 17 de abril de 2007
Amigas
Hago un llamado a todas mis amigas, regalos de la vida. Quién sabe por qué nos conocimos, pero tenemos claro todo lo que nos queremos. Hay que dar gracias todos los días por tener entre nuestras filas a gente tan importante.
Siempre habrá esa amiga loca, buena para el garabato y la risa, de familia compinche, pero buena como nadie. O la niña bien, un tanto callada y tranquilita, que al conocerla no lo es tanto: una mujer especial y cerebral, una caja de sorpresas. Las que no se despegan y hasta parecen mellizas, pero que son muy distintas, porque una es de personalidad chispeante y la otra de bajo perfil, hasta que la conoces. La que se ve poquísimo y que ha cambiado mucho a lo largo de los años. Por último la niña grande del grupo, aquella más experta en todo.
Todas son queribles, son mis amigas. El destino las trae y las borra, pero lo aprendido gracias a ellas y vivido junto a cada una y junto a todas, siempre queda. Porque han estado, están y espero que sigan estando. Gracias por pertenecer a este grupo selecto, ya que si no somos perfectas, da lo mismo, sólo somos amigas.
Mención especial para el dúo universitario. Histéricas, parlanchinas y graciosas. Quien iba a decir que algún día las conocería, estoy feliz.
El chanchito volador. Parte I.

Hace mucho tiempo, en esos famosos tiempos irrecordables, un chanchito bien rosado y regordete se paseaba por una granja, su granjita. Aquel porcino, alegre y bueno para el barro, corría tras cualquier resto de comida sobrante de su dueño.
Con un oing-oing muy simpático, Moritos, nombre del cerdito en cuestión, recorría el campo en busca de comida y de algún chanchito que quisiera jugar con él. Pero esto no significaba que Moritos no tuviera amigos, porque éste tenía su genio y no le rogaba a nadie.
Con un oing-oing muy simpático, Moritos, nombre del cerdito en cuestión, recorría el campo en busca de comida y de algún chanchito que quisiera jugar con él. Pero esto no significaba que Moritos no tuviera amigos, porque éste tenía su genio y no le rogaba a nadie.
Resulta que un día, este rosado amigo, decidió conocer el mundo que tanto había imaginado.
Y para eso habló con su querida noviecita Ani, una cerdita muy linda y espectacular, a quien Moritos acudía cuando las cosas se ponían difíciles.
Cuando llegó junto a ella, Moritos le confidenció que deseaba viajar por el planeta. Y aunque la cerdita entristeció, porque temía escaparse y esto significaba que no lo acompañaría, lo abrazó con sus regordetas patas y le dijo que lo ayudaría.
Al tiempo, Moritos tenia unas enormes alas construidas de las plumas que las gallinas dejaban caer. Entonces, ya estaba listo para sobrevolar la granja y cuanto lugar se le ocurriera.
Miedo intenso
A veces duermo pensando en el mañana y me topo con el peor miedo que se tenga.
Porque vivo y hasta sueño, pensando en lo malo que pueda ocurrir en mi escenario.
Entonces, no tengo claro si tengo razón o la locura me “come” y me gobierna, pero querer escapar de este miedo me atormenta.
Entonces, no tengo claro si tengo razón o la locura me “come” y me gobierna, pero querer escapar de este miedo me atormenta.
Quiero olvidarme de mis temores, atravesar el mundo sin obstáculos ridículos y vivir como cualquiera que desee la vida como nadie.
Nada más que vivir, porque me lo merezco y porque así se debe.
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