Tengo pena por haberte perdido, pero alegría porque fuiste mi madre. Jamás en ningún mundo existirá un ser tan bello, con tu infantil personalidad y aquel cariño divino.
De tu rostro siempre recordaré, esos ojos tan hermosos que daban envidia y una sonrisa perfecta. Eras toda una reina y yo tu hija. Por eso, sé que donde este no habrá sombra que te opaque, ni brillo que cubra tu frescura. Siempre y en cualquier lugar seguirás siendo mi madre y yo tu hija.
No dudes que te quise. De todas formas, sé que siempre supiste que te amaba. Seguiré tu ejemplo de persona, porque a través del tiempo entenderé todo por lo, que alguna vez, discutimos. Y como siempre te enternecieron mis poemas y enorgullecías de mis letras, te dedico un breve escrito para que sepas, desde el cielo, que siempre te quise.
A mi mamá: Nereyda Valiente Zuazola.
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