Nací en el mes de los gatos, quizás por eso gozo de una potente felinidad, pero un tanto disimulada, debido a mi signo virgo. Con 23 años a cuestas, variada vida social hasta los 17 años, he asumido que hay que vivir la vida, sin esperar que nadie haga mucho por uno.
Mi infancia la viví en un terreno de La Cisterna, con tres casas, donde se encontraba toda la familia de mi papá. Codeándome con puros primos hombres a excepción de una sola prima, varios años mayor, crecí jugando a las muñecas, con autitos, empecinada en elevar volantines, compartiendo un mundo aparte con uno de mis primos, lejos lo más entretenido.
Era de las que pasaba en el patio con frío o calor. Sola o acompañada nada me importaba, porque siempre andaba jugando a los que fuera: inventaba canciones y programas, que según yo se televisaban y todo un país de maravillas.
A los 12 años nos independizamos y llegamos a la ansiada casa propia. La vivienda se emplazaba en La Florida. Mi nuevo colegio era mixto, tenía piscina y yo feliz, porque venía de uno de monjas. Desde quinto básico hasta cuarto medio, mi único colegio del sector fue el que me vio crecer, pasar la edad del pavo y soportar lo mal que estéticamente me ví a los 15 años.
La vida adolescente fue un pequeño caos personal; murió mi abuela, a mi madre le diagnosticaron cáncer y yo con las típicas penas de amor de toda niña- mujer. Pero luego paso el tiempo y todos estos inconvenientes se perdieron en la memoria de la familia. Conocí en mis últimos años de colegio a mi actual pololo. Me gradué y entré a estudiar Periodismo, dejando de lado la carrera que había escogido: Psicología, porque me quedaba lejos la sede en la que quería estudiar.
Los años estudiando en la Universidad Andrés Bello, no fueron fáciles en principio. Compañeros un poco rayados con el tema dela noticia, me parecían marcianos. Pero luego de un intento frustrado por cambiarme de carrera, salí airosa de mi primer trabajo como garzona en el restaurante Pitas,Creps & Waffle y la terrible muerte de mi mamá, comencé a adorar la profesión que ya se me había impuesto, casi gracias al destino.
Ahora voy en quinto año, egreso a fines de diciembre y me parece que algo he aprendido. Todo el mundo crece. Obviamente las cosas malas es mejor dejarlas aparte.